martes

El Terror a las Pruebas de Embarazo

Con la Bendición de la Madre…

Realizo este escrito gracias a que por mis contactos con el área médico – asistencial, he notado un crecimiento de solicitud de estas pruebas. Algunas por solicitud de institutos educativos, otros laborales, etc., pero en su gran mayoría, por lo siguiente. Lean con atención:

Ojos que no quieren mirar, temblores de manos, sudor frío, revisión de cartera buscando algo que no saben qué es, el surgimiento de un extraño tic nervioso de irse sobando varias partes del cuerpo donde presumen les propinaron los golpes en su casa, luego escuchan su nombre y todo el nervio se confunde con resignación, pánico, valentía a medias y una suerte de poder adivinatorio que refleja varios futuros que dependen de un resultado de laboratorio.

Se nota una sonrisa de satisfacción en quien le entrega el resultado, la misma que tiene para con todos los pacientes, ya que lo que allí sale es su obligación de entregar con sentencia fidedigna. Para quien lo recibe es un último foco de esperanza de un resultado a favor. Lo abre, lee por los alrededores, comienza a pensar, “¿¡cómo que salí negativa!?”, cuando lo que está leyendo son los dos ceros que hay en la fecha del año 2008. Cuando se fija bien, su flujo sanguíneo pierde su dirección habitual y crea una sensación de vacío en el cuerpo. Es definitivo: ¡Está embarazada!

Se sienta mientras recibe un vaso con agua de quien le entregó el resultado y le ayudó a levantarse del piso luego de desvanecerse en una rabia mezclada con miedo, dudando del resultado y llorando. Más ella ya se lo temía, al recordar aquél día con el chamo que la llevó a su primer motel, sitio que al igual que ese laboratorio serán de ahora en adelante sitios de culto para su odio y vergüenza personal.

Ya más calmada y con la mano en la frente observa que otras chicas, llegan a esperar su resultado. En ese ínterin una de ellas habla que va se hizo la prueba de embarazo y de enfermedades contagiosas pues ha estado saliendo mucho de rumba con varios panas y con todos ha amanecido en brazos. Le dan el resultado y se oye es un ¡yupiii!, grito de exclamación éste que acompaña con la frase ¡chama estoy fina, me así como me cuido yo puedo seguir dándole!. La joven con el dilema escucha y su alma termina de resquebrajarse preguntándose ¿por qué ella y yo no?.

¿Cuánto no le falta padecer a esta joven? Primero, hallar comprensión en sus padres y poder contar con los mismos; tarea ardua pues por sobre todo el amor y educación algo falló. Sólo una familia que asimile tal dolor de manera pronta y como una situación que les podía ocurrir y es salvable, éste disminuye a veces rápido, otras veces tarda más o menos hasta que el bebé le pela la encía al abuelo sonriendo y a él se le olvida lo dolido que estaba. En caso contrario, el vía crucis familiar pone en peligro la vida de dicha joven.

Mejor ni pensarlo para no escribirlo. Sigamos. Luego, que quien la embarazó de la cara por ambos o al menos por la criatura que nada tuvo que ver con su machismo, descontrol y desparpajo. Harto difícil que den la cara pues quienes tienen la dicha de tener hijos huyen pues ellos sólo disfrutan del acto de concepción, no de paternidad. Loas para quienes sí lo hacen.

Algunas han de ser madres – padres, que luego de dar a luz han de pasar por un sin fin de empleos al cual deben cumplir para criar su bebé -tengan o no ayuda de los padres, deben hacerlo, no es opción; Con un poco de suerte, poder retomar sus estudios que tampoco consideraron al decir sí de hacer el acto (digo acto pues aportar sólo medio amor -el de ellas- sin el de él, no es suficiente para decir “hacer el amor”).

Con todo respeto pero así es la vida de muchas vendedoras de tienda, agencia de loterías, cajeras, embaladoras etc., que pasaron por ello. Formó su carácter y les lanzó al mundo laboral quizás pronto y con penurias, pero ese aliciente llamado hijo(a), muy bien vale la pena, pues ya no los consideran errores, sino sus bendiciones, por todo lo que pudieron lograr por ellos(as). Acoto a todas estas madres, piensen a la par en sí mismas, sino no podrán disfrutar al máximo esta nueva etapa que Dios les confiere.

De manera tajante les digo chicas y chicos: Si no temen ir a meter la pata a un motel, donde hasta cola en taquilla hacen para entrar, (en los de acá salen y entran como si fuese supermercado, no pregunten cómo lo sé), donde van a matar pasiones más no todo el tiempo a unir corazones, dejen el ridículo miedo de ir a una farmacia y comprar condones (ella a él o él mismo), pastillas anticonceptivas o las del otro día, (esto no lo hacen las chicas pues dicen que engordan, ¿prefieren tener hijos no planificados a 3 kilos que pueden bajar trotando?, no sean bolsas). Recuerden que lo que ahí harán será un acto de entrega, deben tener conciencia, el hombre tiene dos cabezas pero no la posibilidad de pensar con ambas simultáneamente.

 Y si no lo has hecho, alégrate, pon tu mente en los estudios, en un empleo a lo máximo, en ayudar a quienes han vivido situaciones similares. O sea, estar preparada para vivirlo antes, durante y después sea como sea. Con verdad y sentimiento. Que la sonrisa de tus padres sea tu máximo galardón. Y de venir un niño, sea sola o junto al padre u otro hombre que dé su corazón por ambos y futuros bebés, tu dignidad esté al máximo pues supiste, pensaste y te diste tu puesto ante la vida par ese gran logro de ser madre.

Si su historia se asemeja, no se moleste conmigo, con usted o etcétera. Siga adelante con esos frutos de vida, el verdadero amor de ese acto. Con respeto, cariño y amor, el pago a futuro será grande y provechoso, borrando así cualquier vestigio de lo que en otrora llamaron “un error”.

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