domingo

Cuando un hombre la caga

Cuando un hombre la caga sin saber, queda confundido, balbuceando, implorando y fustigándose día y noche por el hecho de no haber internalizado cómo la cagó.

Cuando un hombre no la caga, pero le dicen que lo hizo a priori, queda indignado, destruido, pierde confianza hasta que la persona que lo impetó le retira el castigo y le presenta una disculpa.

Cuando un hombre la caga a sabiendas que lo va a hacer, ninguna disculpa o reprimenda es lo suficientemente buena para lo que hizo; cargará esa cruz bien debida a tiempo completo y mucho más cuando sabía que lo debía evitar.

Observará en las miradas de propios y extraños el reproche, el malestar y el castigo. 

No sé sí sea bien merecido, por cuánto tiempo o qué más se le debe hacer, pero es justo y necesario, ofendiste a una mujer.

Cuando un hombre la caga, tan sólo por hacer una gracia y le salió la peor de las morisquetas, la burla, que daña a la mujer y a otros, su destino, esa condena te hace sentir vergüenza, implorar las disculpas (porque el perdón sólo lo da Dios, Jesús y la Virgen y las disculpas los seres humanos).

La conciencia de bien hace su trabajo y no te deja dormir, te hace disminuir el comer, te hace sonreír con una mueca de pena que te corroe las entrañas; hay ruido y no escuchas, existen dulces aromas y no los disfrutas; las mariposas en el estómago te patean.

Cada mirada es un taladro; te preguntas el qué sabrán y qué te preguntarán, te sabes culpable y quieres que te culpen, porque mereces castigo.

Más para los que tenemos conciencia y por error la cagamos, lo único que deseamos es no arruinar la vida de risas y sueños de una mujer; que las consecuencias malas sean para nosotros y no para ellas y los suyos.

Siempre me jacté que las mujeres me detestaban sólo por feo, pobre, no saber bailar y no tener base para formar una vida; hoy, sin ser jactancioso, puedo decir que una dama me dejó de hablar y qué sé yo cuántas cosas siente en mi contra, por culpa mía, por la gracia que se hizo morisqueta, que podría excusar como falta de sueño o broma sana o poema pueril, pero que va, no hay excusa, es un erro de grandes proporciones mías.

"Errare humanum est" y sí, cometí un gran error. No saben cuántas oraciones estoy dando a Dios Padre, no por mi perdón, porque merezco condena; sino porque ella y los suyos no tengan consecuencias tristes por tal estupidez. Sí quiero ser caballero siempre, debo pagar la condena de mis errores con hidalguía. Que el sufrimiento no me redima, me enseñe.

Así que sí un hombre la caga, que limpie lo hecho y sepa que sus acciones son también como un culo. O se mantiene sano y educado para hacer o lo que haga fuera del lugar debido, manchará, dañará y jamas se secará. Los errores no son biodegradables.

Ya te he presentado mis disculpas; es vuestra decisión aceptarlas o no. Por lo pronto, acepté el castigo y no le daré fin, hasta mi fin.

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