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domingo

Me hacen falta tus Whatsapp

Nos hicimos tan modernos para acercarnos, que nos alejamos.

Ya no se busca el aprendizaje y sentir por contacto, se busca por mensajes.

Los escritos, las llamadas, las notas de voz, las fotos, desde las más sencillas hasta las más íntimas, acompañadas por videos y emoticones que expresan sentimientos.

Mucho de este sentir se hace desde el baño, en la calle, de pie en un bus. Se puede leer frío, pero es el mensaje el que importa y es el medio el que asume como enlace o donde se mal interpretará o no se sentirá el mismo. Todo depende del receptor y del carisma o intención del emisor.

Pero el peor daño es cuando a uno de los dos le falla el teléfono.

¿Qué le ocurrió, por qué no responde, qué estará pensando de mí, le cayó mal lo que le dije, ya no le gusto?, tantas conclusiones que se hacen películas o mejor dicho, súper producciones mentales llenas de miedos, dudas, conjeturas y sin la respuesta obvia como primera alternativa: averiguar, preguntar, comunicarse.

Cuando ya todo se aclara, el enemigo es el teléfono; tan caro y tan villano. Su aliado en el mal de incomunicar, el saldo; su femme fatale, la batería, que se descarga cuando hablas con tu enamorado o amada y retarda cualquier plan, el más sublime o el más perverso de placer.

Sí estás cerca de la persona, anda y ve, te está esperando, hazlo por ti. Sí está lejos y no queda otra alternativa de llamado y mensaje express, busca los otros medios electrónicos o más atrás, la carta; de no funcionar o funcionarte, porque es cosa de cada quien, no queda más que aferrarse a la oración y la buena fe, a la imagen mental, al sonido de su voz, a su bien y a la confianza que has depositado.

Los escollos por incomunicación celular son muy molestos y cada vez más comunes, pero nunca jamás pueden ser razón de lejanía, dudas o rompimientos.

Su voz, sus letras, sus fotos, su contacto y presencia a pesar de la lejanía, se hará sentir de nuevo. Cree, ya hiciste el contacto desde antes de llamar.

Whatsapp, PIN o cualquier otro te darán la sorpresa, espérala y aprovéchala.

"Y sí el silencio fuere intencional y bien merecido por mí, dejadme morir y que me lleven al cadalso las dos palomitas azules que me indicaron que me lees, pero responderme, no quieres".

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