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lunes

Aprendí más de mí, gracias a ti, bella Dama

La tarde cae lentamente mientras observo los rostros que van pasando a merced del viento, caminando lenta o rápidamente y voy recordando a esa dama de escorts barcelona que salvó mi vida, más allá de lo sexual, en lo sentimental.
 
Cierro los ojos, quisiera que la mujer que yo logre amar no sienta jamás algún sinsabor a causa de mis palabras y/o mis acciones, o tal vez a causa de mi impaciencia u omisión...

En esa dama expresé todo mi cariño, pasión, vigor, respeto, entrega, porque es una oportunidad dorada y sobre todo, ella es una dama, mucho más allá del “de compañía”, que le acompaña en su presentación.

Vuelven a mí un mar de recuerdos, refrescando mí mente... entonces se me antoja la pasión que estira lazos que se funden en cariño y amistad...

En la sexualidad, si hay brazos débiles en esa pasión vienen las incomodidades que erosionan el acto del amor y nacen esas amargas hierbas del resentimiento, la infidelidad y hasta la separación...

No fue ese mi caso con esa escorts, pero sí fue mi aprendizaje, mismo que no he podido aplicar porque el amor simplemente se niega a llegar.

¿Cómo somos capaces de generar tanto sufrimiento con pequeñeces que laceran al otro, sí el amor y el acto sexual van juntos y son tan bonitos con la persona idónea? ¿Cómo somos tan ciegos luego de habernos jurado cariño y ternura al calor de unos besos tiernos y unas caricias profundas?

Ahora la melodía me abandonó... cruzo de nuevo la tarde y aquella escorts se ha ido ya, desconozco su camino, su ruta, su suerte, y quizá si en su momento de lágrimas mis palabras entre momento sexual y caricias, le trajeron acaso una sonrisa... ¡esa extraña sonrisa que suele acompañar nuestro rostro luego de haber llorado con tanta fuerza!...

Hoy extraño ese sentimiento y esa capacidad de verter el propio llanto... Intento mirar mi propio dolor y comprendo que en la soledad se ha generado un sordo sufrimiento, quizá escondido en el fondo de mi ser, y puedo reconocer que más que un síntoma de una enfermedad ha sido para mí un signo saludable de supervivencia, de ganas de crecer, de desafiante mirada para no sucumbir en el desenfreno, en la desesperanza, en el cinismo y quizá en ese fatalismo que ha acompañado por años y años al ser humano...

Yo a ella la contraté para el acto sexual y miren ustedes la multitud de endorfinas del amor que han venido de ese misterioso pozo de dolor y pundonor que ella tenía en su alma, donde aprendí mis mejores lecciones, y quizá aprendí allí a amar más que en los momentos de felicidad.... Irónico, ¿verdad?...

Y de nuevo el viento hace brotar en mí esa fuerza instintiva, vital, inagotable, que se mece en mi ser: esa fuerza que me hace querer amar, ansiar, que una mujer camine conmigo tomados de la mano, que me acompañe en mi aventura por la vida mientras yo la acompaño en la suya propia... 

Como una mala costumbre vuelvo a tocar el amor... A pesar que ahora he cambiado las viejas metáforas que me significaba la palabra amor... Un amor que debo confrontar con las nuevas y múltiples aspiraciones duramente ganadas y ante quienes no hay ya retroceso posible...

Entonces el amor se me antoja libre; que esté ella en mí vida, la amada, que obliga a componer ese amor con la diferencia... Estará el amor, pero estará el respeto por la realización personal; estará el amor que quiero derrochar en su vida, pero estará la cotidianidad que sí no se refresca con variedad, novedad y espontaneidad, se calcina, lo devora, lo intenta matar.

Está el amor, pero está el innegable deseo de los hijos que combinen nuestros ADN, que exhiban nuestros mejores caracteres ahora juntos y los peores, ¿por qué no?... eso ninguno de los que nos dedicamos a la genética podemos negarlo...

Demasiadas cosas busco y la especial no encuentro. Por ello he de conseguir en una dama escort, esas que también sufren, viven y deciden qué hacer con su vida y se respeta; esa mujer que sonríe, se entrega con toda su sexualidad, te escucha, se  expresa con palabras reales, te acompaña de verdad en ese tiempo y te brinda de su espacio.

Tanto hablamos entre caricias que aprendí de ella y aprendí de mí; nos entendimos y vivimos. Y seguramente usted no comprenda lo que dije, más le invito a que se abrace con su pareja y ambos hablen de lo que quieren, lo que necesitan, lo que se merecen. Se encontrará en sus palabras, sin riñas ni limitantes, lo que el amor requiere: unión y acción permanente.


Esa unión y acción que muero por expresar y que –por lo menos-, por el dinero que va y viene y que vale menos que revertir a la soledad, consigo. Y sí está solo, busque con quien hablar, ensimismarse es destruirse.

Dedicado a aquella mujer que aún busco y que me empeño en encontrar cada día, pese a que ella no llegue porque el destino lo quiso así.

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