La
realidad es que, para los hombres, el amor está ligado al sexo. Pero esto va
más allá de lo que algunas mujeres creen o aseguran, ya que se liga a la
confianza de la desnudez, la entrega de la intimidad, destrabar las
cohibiciones, erradicar o al menos desplazar a un recóndito lugar a los tabúes,
el contacto corporal, visual y de cosas bonitas, sentidas y picantes en el
fragor. Y, como hay quienes lo ven como mero acto carnal (producto de los
hombres no sentimentales y ruines), se desestima por completo el acto.
Esto
explica someramente, sin ánimos de justificar, lo que pudo suceder, pero no lo
permitiste. Porque a los hombres de verdad, nos queda claro que la vida no es
una película XXX (afortunadamente), y tampoco es una novela rosa o serie
juvenil (afortunadamente). Es el manejo de las realidades entre lo factible y
lo bonito de lo físico, sin quitarle lo responsable.
Porque
el sexo responsable existe, ya que la responsabilidad está también ligada al afecto,
el respeto, la discreción, el apoyo. Al menos para quienes somos hombres con
esos saberes y acciones de manera cotidiana, por lo cual también debemos
invitar a las mujeres a juzgar mejor quién es quién entre el que quiere un
acostón y luego, chao o el que quiere hacer el amor responsable, pero no siente
la afinidad romántica, pero sin ánimos de distanciarse.
Es como
aquello de “hacer el amor con una amistad, la rompe”, lo que es un absurdo
porque quien es amigo/a, lo es en las buenas y malas. Parece manipulador de mí
parte decirlo, pero la realidad es que mientras no jueguen con los sentimientos
y sí se establezcan reglas claras a respetarse, el apoyo existe.
Ustedes
dirán, “estás jugando a tu favor”, pero yo sólo puedo decir que no es así,
entrando en aquello de mí palabra contra la suya. Lo que sí puedo decirles es
que hay hombres y mujeres que se meten con mujeres u hombres casados o con
novia o enamorados de alguien y eso sí no les parece malo. Pero cuando hay
alguien soltero y una soltera, todo es o blanco o negro o no surge.
Es como
una especie de auto inquisición y flagelo que limita lo que pudo suceder, pero
no lo permitiste. Y hasta sabiendas que la contraparte no es como alguien de tu
pasado que te dañará (o alguien que te dañará a futuro), es un ser que con
cuentas claras te está diciendo que hay una conexión, pero que las condiciones
interpuestas por ti, alejan de lo que pudo suceder, pero no lo permitiste.
Quizás
es que te quitó la oportunidad de dar el primer paso y por eso, lo evitas. O mejor
aún, porque no te nace y es válido, nadie
está obligado a estar con alguien y menos en un acto tan íntimo y lleno de
sentido como lo es el hacer el amor. Pero, dentro de ti sabes que quieres, pero
no lo haces porque quieres regirte por tus normas y cerrarte esa puerta es
mejor que el no pecado de sentirte viva o vivo, a sabiendas que tu única responsabilidad
o atadura es contigo.
Sí,
porque todo esto rige a la gente soltera, jamás a la gente ennoviada o casada. La
infidelidad no es buena y siempre vivirás con miedo, deshonor y a punto de
caer, hasta que caigas.
Lo que pudo suceder, pero no lo permitiste
El acto
sexual entre no parejas que sí se desean, cuando es sincero y bien coordinado, existe,
siempre con reglas a cumplir y que las mismas no restrinjan pero que respeten
la libertad, vínculos, moral y posibilidades de parte y parte.
En ellas,
el contacto visual, la charla, chocar frente con frente, sentir su aliento y
voz en franca comunión, contemplar su desnudez, que los besos, abrazos y
caricias afloren, donde ambos -de una
manera atípica, pero real-, se sientan amados y respetados, porque ambos
llegaron allí brindando el mayor voto de confianza en salud mental, física y
actitudinal posible.
El furor,
la pasión, los gemidos, gritos, palabras libres nacidas del alma, los jadeos,
el clímax, la conclusión, la repetición, la charla, las risas, las caricias y
la satisfacción de haber hecho lo correcto con alguien que correctamente te
trató antes, durante y de seguro después de estar en la cama, son
construcciones en el ánimo, la historia personal y el atreverse sin visos de que
le utilicen o sean un acto pasajero.
Y siglo
hablando por quienes estamos claros en la vida, de nuestras limitaciones, las cosas
que nos han destruido y remendado, las posibilidades y la verdad del sentir,
que, para algunas es mera excusa para el sexo, pero la verdad es que es el
cumplir el sueño humano de estar con alguien que sí valga la pena, que te
brinde confianza, que se entregue con los pies en la tierra e igual vuele a lo
más alto contigo.
En fin,
lo que pudo suceder, pero no lo permitiste.

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