martes

Quien se Enamora de una Mirada


Quien se enamora de una mirada,

no busca palabras ni pide razones,

encuentra en el brillo de un alma callada

la llave que abre mil puertas y dones.

 

Es un relámpago, un fuego imprevisto,

que cruza el espacio de un breve segundo,

un lazo invisible que nunca fue visto,

pero que detiene la marcha del mundo.

 

No importa el pasado ni el nombre siquiera,

ni el rastro que el tiempo dejó en el camino;

basta que un ojo se vuelva frontera

para que el azar se convierta en destino.

 

Hay una magia que habita en los ojos,

ventanas que muestran el mar y el abismo,

capaces de hundir los más fieros enojos

y darnos la paz del mayor optimismo.

 

Se siente en el pecho un latir diferente,

un eco que nace de luz y de asombro;

el mundo parece de pronto elocuente

y el peso del alma no carga en el hombro.

 

Es un magnetismo de fuerza infinita,

un pacto sellado sin voz ni papel,

donde la promesa que el alma necesita

se escribe en el iris, se siente en la piel.

 

Quien cede al impulso de un solo destello

camina en el aire de un sueño despierto;

descubre que nada es tan puro y tan bello

como el horizonte que ahora es abierto.

 

No juzgues al loco que jura quererse

con solo el contacto de un breve fulgor,

que a veces un reino comienza a perderse

donde un par de pupilas inician el amor.

 

Que el mundo prosiga su curso de acero,

que sigan los juicios y el frío rigor;

yo envidio al que sabe, en un guiño certero,

que ha hallado la vida, la luz y el valor.

Argenis Serrano 

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