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Te Sueño de Día y de Noche

te sueño de día y de noche


Antes de que la noche termine de cerrar sus cortinas, mi ritual no es el descanso, sino buscarte en el umbral del sueño. Pensar en ti es encender una linterna en la penumbra; es reconocer que no eres solo el refugio al que voy cuando cierro los ojos, sino la luz que me hace querer mantenerlos abiertos.

Eres esa mujer que habita dos mundos con la misma gracia. Al estar despierto, eres el impulso, la melodía que se enreda en el ruido cotidiano y lo vuelve armonía. Pero al dormir, te transformas en la dueña de mi geografía imaginaria, el sueño más lúcido donde el tiempo no corre y el frío no existe.

A veces, en medio del ajetreo, la realidad se suspende. Es ahí cuando ocurre el verdadero sueño despierto: el ruido del mundo se apaga, las urgencias se vuelven insignificantes y, de pronto, te apareces. No hace falta cerrar los párpados para verte; basta con que mi mente se escape un segundo a tu lado. En esos instantes, te siento caminando conmigo, riendo de mis torpezas o simplemente existiendo, demostrándome que se puede soñar con los ojos bien abiertos, sintiendo el calor de tu presencia a plena luz del día.

Me acuesto con la certeza de que no voy a perderte en la oscuridad, porque te llevo tatuada en el pensamiento. Eres para soñarse de día, con la mirada perdida en el horizonte, y para encontrarte de noche, en ese lugar donde las almas se tocan sin permiso del cuerpo. Me duermo para verte, pero despierto para seguir amándote.

Argenis Serrano 

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