Es deprimente querer y no
ser querido, buscar y no encontrar; creer en alguien y luego estrellarse; prometerse
no volver a caer en las trampas del amor y reincidir.
Deprimente que uno haga lo
correcto por los demás y por uno mismo, en franco equilibrio y la existencia te
pague con indiferencia.
Deprime el caer en la
anarquía de esperar que la vida te retorne lo mismo que das, siendo ese acto
noble en su acción, pero mezquino en su propósito, lo que lo demerita.
Deprimente ver los
atardeceres, las noches, los amaneceres y no tener con quien comentarlos, estar
hombro a hombro, espalda con espalda o abrazo con abrazo, siendo uno entendedor
de la belleza de esos momentos y dichas acciones.
Suele deprimir ver que
los más desenfadados y beligerantes gozan de beneplácitos que podemos
considerar mundanos, pero en ellos arrastran sea a quien piensa y siente como
ellos, enriqueciendo sus desmanes, o envileciendo a quienes tenían el potencial
de ser más en el compendio de los valores de la vida.
Puede llegar a abatir y
generar una tristeza profunda, melancólica, bucólica e inconmensurable, que
atenta contra la casa mental mientras ya ha hecho estragos en el corazón y
activa a las alarmas del alma, haciendo del cuerpo una zona de batalla en
conflicto, donde el bueno -como en toda guerra- es el perdedor.
Una persona deprimida
reduce su ánimo, contacto, creatividad, empeño, rendimiento, vocación,
cordialidad, transformándose en una cutre copia de aquello o aquel que le dañó.
Una copia temporal, pero significativa.
Toca resurgir de los
escombros de uno mismo, observar hacia todos los flancos y entender que hay que
reconstruirse, porque así como muchas cosas negativas (el miedo, la soledad, la
intransigencia), estar deprimido es otra fuerza motora para la resiliencia.
Allí radica la verdadera
humanidad, es salir del mal y no volver a entrar, dejarlo echando humo y colocándole
las arenas del tiempo hasta que se sofoquen, para que tu luz no vuelva a
parpadear en este transitar plagado de oscuridades provenientes de otros.
La tristeza es parte del
amor, de la pasión, del deseo; alimentada por los tabúes, los rechazos y las no
concordancias entre lo que se espera y lo que se recibe. No dar el brazo a torcer
y querer comer toda la torta, cuando bien podrías quedar satisfecho y feliz con
un trozo, una bebida, una gelatina y una buena compañía temporal.
Querer el todo por el
todo; o es blanco o es negro; sí no es como yo digo, entonces no es; mejor
alejarme que atreverme y no tener historias que contar; con cosas que van
deprimiendo y se hacen más poderosas al notar que fuimos nosotros quienes las
retroalimentamos por no querer ceder ni un milímetro.
Y que el enemigo esté
dentro de uno, engendrado de nuestra rigidez, es deprimente, lo que hace a la batalla
para derrotarle, una tarea cíclica que nos negamos a ponerle fin, por el
deprimente ego.
Cuando tengas una sensación de vacío, desesperanza y falta de energía vital, y te sientas un individuo con un desgano difícil de sacudir, entiendes que te has deprimido; y sí actúas, sales de ti para entrar en ese yo verdadero que quieres y puedes ser.
No pases de deprimente a depresivo por motu propio, sé fuerte y júntate con quienes cuiden y alegren tu vida.

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