miércoles

Gemidos Ajenos

gemidos ajenos


Alguna vez en mí adolescencia, un hombre se acercó a conversar con nosotros y entre lo sagrado y lo profano, en un momento dijo que no le gustaban las mujeres que cobran por intimidad, porque mientras él puede hacerlo con toda la intensidad, ganas y respetos, quizás ella sólo emita gemidos ajenos, pensando en otro cliente o en un amor, que fue o no pudo ser.

Su temor lo transformó en una manera de ser que va más allá de no tener relaciones con una dama de compañía. Llego a no desear lo que verdaderamente no puede ser suyo, ni siquiera por una transacción consensuada.

¿Cuánta gente no insiste en aquello que desea y se le antoja y que no depende de su decisión, sino del sí o de las condiciones de otra persona?; y en esa insistencia, lo que consigue es crear grietas que le restan pureza a sus sentimientos, hasta que el mismo, que otrora costó tanto, ya no vale nada.

Lo que no se gana, incluso por el ser y el estar, de llegarse a tomar, se está robando. Y quizá sea efímero, un torrente pasajero que luego genere una sequia peor a la que se tenía cuando se vivía en soledad.

Los gemidos ajenos van más allá del acto carnal; porque de seguro pertenecen a alguien que no pudo tampoco sostenerlos, o no supo, o peor aún, no quiso. Eso los hace más profundos y a la vez, cuna de lamentaciones.

¿Cómo rescatas el ahogo de algo que no es tuyo y que, aunque le salves físicamente, en corazón, sensación y sentimientos, sigue perteneciendo a otra persona?; una batalla campal contra las sombras, que te será eternamente perdida.

Pero cuando los gemidos son tuyos, de ti, para ti, se transforman en el clímax de la alegría y la buena fortuna; porque son el pensamiento, la seguridad, la paz, sonrisas y ánimo que se tienen al saber que fuiste el detonante, el alfa y el omega.

Y que a su vez, no darás gemidos ajenos por quien no es la persona destinataria de los tuyos. Una doble salvación que quizá no se comprenda, pero se siente en lo libre y fragante que es, acoplando perfectamente con lo que has querido para tu transitar por esta existencia.

Habrá quien uste o acepte gemidos ajenos, encontrando un temporal consuelo de todo aquello que le es esquivo y le acongoja. Admitiéndolos en su vida como un solazar de sus emociones truncadas por lo que no pudo lograr.

No hay quien le juzgue, porque el arte de los sonidos, que es la música, ayuda a aplacar al alma cuando las tribulaciones y sinsabores le rodean. Y en ocasiones, hasta los gemidos ajenos, son un concierto al cual asistir donde -por mera casualidad-, hay alguna sinfonía que sí es para ti, en agradecimiento por seguir luchando y porque nadie debería de estar sin sentir una muestra de afecto, incluso, condicionado.

Sean gemidos ajenos o propios, que la paz sea contigo y que el fardo en tus espaldas sea más liviano; por algo y para algo, acá estamos.

Argenis Serrano 

martes

Pecera...

pecera


Dicen que los animales en casa, sea en una jaula o en una pecera, sufren. Pero, ¿Acaso nosotros que tenemos libertad, no sufrimos también?

Los animales también son del hábitat que les acoge, cuida y respeta, como la persona que va a otro país a forjar su nuevo camino.

Ver a los peces tranquilos, yendo de allá para acá, sin sufrir, olvidando al pasado y viendo el ahora y el mañana, dejando constancia de su existencia. No es para envidiarles, sino para emularles.

Tanto que decimos ser una especie superior y no podemos extraer lo mejor de cada especie viva y aplicarlo para nos como individuos y sociedad.

Un pez no sabrá el concepto del amor, pero lo conoce por instinto, por necesidad, por cómo se siente. Va nadando lado a lado o se comporta como es debido al encontrarse; un instinto que implica evolución.

Ver a una pecera es quedarse absortos contemplando a la calma de una repetición incesante en un espacio definido. Admirando cómo sacan el mejor provecho y no dejan de encontrarse con su propia razón de existencia sin resentirse de que no sea un océano, lago o río.

A los peces les contamos nuestro día a día, les cantamos y hasta les regañamos sí se atacan, demostrándonos que podemos convivir con responsabilidad en la más acrecentada sencillez.

Un cofre de tesoro que se abre y brinda oxigeno o una noria o un buzo que humanizan a esa pequeña jaula de vidrio. Piedras, algas, alimento, todo un entorno para su comodidad.

Lo más importante de la pecera son sus habitantes, que nadan veloces, lentos, se quedan estacionarios y van raudos a probar el alimento con el que les dotamos.

No son un adorno más en un hogar, son vida y compañía. Esa que nos deja extasiados y sin palabras autocomplacientes cuando con ellos conversamos. Esa compañía que todo ser vivo, amerita.

Queda pues claro, que no es un acto malvado crear un hábitat y colocar algún animal en él, como en este caso una pecera o acuario para los peces.

Lo cruel es no darles el cariño, confort y confianza que ameritan para su nueva residencia, un destino que ya estaba escrito y ligado a nosotros, que bien sabía el Creador que ameritábamos de solazar a nuestra alma y poder escapar de ese mundo de afuera, estando también en nuestro hábitat en la más agradable de las comparsas de movimiento perpetuo: los peces.

Argenis Serrano


Silencio que Quema

silencio que quema


Es imperativo encarcelar mis «te amo». Reprimirlos para otra era, un tiempo lejano donde por fin los sientas plenos y la sombra de este pasado mofado no los envenene.

Debo ahogarlos en mi garganta, dejar que se sequen o echen raíces tristes en la penumbra de mi alma. Que acumulen una furia tan ensordecedora que, cuando estallen, el retumbo de su eco te descuadre la mente.

Negarles mi voz no es una opción, es un castigo necesario: escupirlos al vacío no tiene sentido cuando del otro lado solo habita tu inercia.

Decírtelos hoy es arrojar un alarido a un abismo sin respuesta; es arrastrarnos a medias tintas, desangrándonos antes de tocar la meta. Me morderé la lengua hasta sangrar.

Obligaré a mi corazón a firmar un pacto de silencio vil con mi emoción. Se quedarán enterrados, madurando en mi carne. Y no te confundas: no es sequía de amor, porque por ti todavía me desbordo y me deshago sin cobardía.

Sólo le impongo un alto a mi propia hoguera; a partir de hoy, este amor será un secreto violento, resguardado apenas por el más frágil y miserable de los sellos.

Sin embargo, esta pausa no es una renuncia ni una sepultura definitiva. Estos «te amo» que hoy amordazo no están muertos; están aguardando a que el tiempo limpie las ruinas y madure el terreno.

Siguen teniendo un rumbo fijo, una brújula obstinada que apunta directamente hacia ti, esperando el instante exacto en que tu piel esté lista para recibirlos sin sombras ni dudas.

Te invito a resistir este paréntesis, a guardar la calma en medio de la distancia y el vacío. Ten la certeza de que esas palabras que hoy callo maduran en el pecho correcto y guardan tu nombre grabado en el fuego.

Solamente aguarda, porque cuando este silencio por fin se rompa, no habrá dudas de quién fue, es y será la única destinataria de cada uno de mis latidos.

Argenis Serrano 

miércoles

Viajar a Nueva York, Contigo

No, esta no es una historia de amor como nos las han descrito cientos de veces en libros, el cine, la televisión, las novelas o el Internet. Es el recuento de un viaje de paseo contigo, luego de un no.

Y es que no soy un resentido y, luego de que hiciéramos nuestros trámites para entrar a los Estados Unidos como turistas, claramente se notaba que te pediría que fuéramos más que amigos.

Pero, antes de realizar nuestro Tours Nueva York, fuiste tajante al decirme, “no esperes de mí, más que la amistad, el cariño y la confianza que nos tenemos; aquellos besos no los considero errores, pero tampoco los considero detonantes para ir más allá”.

Acto seguido me dijo que le parecía lógico cancelar el viaje. Le dije que no, porque el hecho de que lo que yo quería desde mí corazón no fuese a ser, no implicaba que no querría pasarla con ella. Los límites ya se habían colocado y, el anillo para proponerle que fuse mí novia, se quedó en casa.

¿Duro y contrastante caso?, sí. Pero los adultos verdaderos no nos amilanamos. Yo he logrado las cosas que he querido y han sido 100% mí decisión; acá, necesitaba su aprobación al 100% y no se dio para el amor. Pero la teníamos para ese paseo para latinos por la Gran Manzana.

Y la dureza creció porque Nueva York es un lugar lleno de romance y los mejores tours para las parejas te llevan para que tengas el ambiente propicio para enamorar, declarar y consolidad esa unión que el amor sostiene y acrecienta.

Miren que estar en el Puente Bow, del mítico Central Park y su estanque con esos botecitos de pedales, en un atardecer, es hermoso para colocarse al pie de las aguas rodilla en tierra y sorprenderla con el anillo.

Nos llevaron a la Fuente de Bethesda y no les niego que quise pedir el deseo de una segunda oportunidad. Pero verla tan complacida contemplando al paisaje, la arquitectura, el contraste, me hicieron respetar su decisión aunque la tentación me llamara a buscar una nueva oportunidad.

En uno de los recorrido fuimos a ver el mar en NYC desde el puente Queensboro y la isla Roosevelt y me veía, besándola y abrazándola, como en esas postales de enamorados que encierran historias trascendentales.

nueva york

Yo, que soy fanático de las referencias cinéfilas, les juro que el declararle mí amor a ella y saltar y gritar en el vestíbulo principal de la Grand Central Terminal de Nueva York, justo cuando su gran reloj diera las 4:17 de la tarde (la hora en que nos conocimos), hubiese marcado positivamente el resto de mí existencia.

Aunque esto rompía mí promesa de no tocar el tema, un par de veces lo intenté cuando estuvimos en la cubierta de observación del Empire State Building en Manhattan. Una vista que une al cielo y a los rascacielos, además de romántico, inspiran el poder de la convicción y determinación. Pero, una promesa es una promesa.

El amor no estuvo presente entre ambos, y el entorno no ayudaba a alejarnos. Nos llevaron a los románticos espacios alrededor del Parque del Puente de Brooklyn y DUMBO y tuve que utilizar esas horas para suspirar e imaginar, sin actuar. Para bajar tensiones, les pedí que nos llevasen a un lugar dinámico y ese fue el acogedor y relajante The River Cafe.

De los diversos tours, el que más despejó mí mente del dolor y la tentación fue el paseo marítimo de Brooklyn, entretenido como ella al contemplar las grandes casas adosadas y mansiones. Comencé a reflexionar en que esa es una responsabilidad para una pareja y que quizá debí comenzar por allí.

Finalizamos nuestro tours -porque hicimos recortes para agendas personales y así evitar tentaciones-, yendo por consenso y gusto a la muy famosa y nombrada noria de Coney Island y su parques de atracciones donde se contempla al océano mientras se siente la adrenalina de los juegos.

Los amigos del tours, quisieron darnos más alternativas relajantes y eso redujo la tensión de mí lado y aumentó la algarabía en el lado de ella. En el West Village comimos de lo mejor y nos deleitamos con las improvisaciones del jazz que nos llevaron a otra dimensión de placer.

El cierre de nuestro tours por Nueva York, fue hermoso, no lo voy a negar, además de propicio para aclarar mis pensamientos y sobre todo, mis sentimientos. Fuimos llevados al Jardín Botánico de New York, encontrando el verdadero potencial de la belleza natural, de un valor de la vida que aunque está presente, nos negamos a verla. En ese lugar, prometí no ir más en contravención de lo que ella quiere para nosotros.

Me sentí agradecido de tener con quien pasear y a la vez aprender a saber engranar mis pensamientos con los de la otra persona. Que un No es no, pero a su vez no implica un adiós y alejamiento inmaduro, sino un acercamiento investido de madurez y empatía.

Dejamos Nueva York, alegres de conocer mucho y con el pendiente y promesa de volver para observar nuevas cosas y vivir su energía. Ciertamente que no juntos, pero muy posiblemente con la persona que amamos y nos corresponde totalmente.

Porque así es el amor: puede que no se dé con quien queremos de la manera en la que queremos, pero se puede dar y proseguir en sana paz, sabiéndonos reconstruir y entender a plenitud que el amor es ser y hacer feliz.

Espero llegue el día en que consiga a la mujer que quiera recibir este anillo de mí parte y que viajemos a donde el corazón retoce y rebose de dicha.

Argenis Serrano 

¿Y Si Nos Atrevemos?

y si nos atrevemos

Llamado sin freno 

Deja el miedo en la puerta, que no entre,

que el silencio no ahogue lo que sientes.

No hay juez en la alcoba, ni hay testigo,

solo el eco de dos cuerpos ardientes.

 

Rompe el molde del "qué dirán" mañana,

que su voz es cobarde y no te alcanza.

Aquí el único pacto es la entrega,

sin promesas que aprieten la esperanza.

 

El compromiso no es una cadena,

sino el juramento tácito del roce:

respetar el altar de este momento,

no huir cuando la llama se hace feroz.

 

No manches con la duda este milagro

de querernos sin máscara ni manto.

Mejor arder dos noches en tu infierno

que vivir cien inviernos en el llanto.

 

Que el deseo no pida permiso al calendario,

ni a la moral que pudre los latidos.

La verdadera honra es no traicionar

la necesidad que grita en el vacío.

 

Así que ven, y si después no hay vuelta,

que no nos duela el qué, sino el cuándo.

Que la peor pena no es el olvido,

sino el deseo que nunca se hizo beso

y que llora en nosotros, desde el fondo.

 


El día después 

Y cuando el sol nos encuentre revueltos,

sin más promesa que la piel que ardió,

no habrá mañana que exija respuestas,

solo el eco de un beso que nos unió.

 

Verte después no es enfrentar cadenas,

sino sonreír por lo que fue verdad.

Agradecer el riesgo, no el contrato,

y saber que ese instante fue libertad.

 

No hace falta firmar sobre las sábanas

lo que el cuerpo ya selló sin condición.

Basta el brillo en los ojos al mirarnos,

sin culpa, sin rencor, sin prisión.

 

Y si el deseo vuelve a llamar a la puerta,

que nos encuentre libres, pero fieles

al milagro de habernos atrevido,

sin dueños, sin mentiras, sin papeles.

 

Argenis Serrano 

Entradas populares