sábado

Un Brindis Por...

A esta edad uno debe mirar hacia atrás, solamente para recordar a quienes estuvieron en algún día de algún mes de algún año, precisamente en algún momento en que se requería de ayuda, cuidados o mejor dicho, de una amistad.

La vida nos lleva por diversos rumbos físicos o espirituales y cada instante es novedosos. Y nada podría ser más irresponsable e injusto, que olvidar a la gente buena.

un brindis

Un brindis o varios, hago con honor a la gente de bien que el cielo ha permitido pase por mi vida.

A quien me ayudó a no rendirme en los estudios, me prestó sus apuntes, fue mi compañía cuando otros no me elegían.

Brindo por la persona que trascendió de ser parte del compañerismo laboral y buscó mí amistad.

Un brindis por esos vecinos que demostraron ser esos amigos casi hermanos, siempre de los más cercanos.

Gracias a quien alguna vez me pagó el pasaje cuando se me olvidó el efectivo; o que me cargó un paquete cuando yo por incomodidad, no podía.

Mis respetos y un ¿Salud!, por aquellas personas dicharacheras o anecdóticas que con sus palabras, cuentos y acciones, educaron y amenizaron mis instantes.

Siempre un brindis por esos familiares que, más allá de las actividades y acciones para con sus propias familias, supieron estar en los momentos duros y suaves de la vida.

Brindo por los amigos que, ante un llamado para buscar, comprar, trasladar a alguien o algo, sin chistar así lo hicieron y se pudo resolver una contingencia o necesidad.

Un brindis por quien compartió su fiesta de cumpleaños, una graduación, una parrilla o un brindis de cervezas y refrescos, con propios y extraños, para celebrar sin distingo algo que le era importante.

Brindo por los amigos que ante su noviazgo, boda o el nacimiento de sus hijos, compartieron esas dichas con uno, haciéndonos copartícipes de algo que les llega al alma.

He de brindar por quienes se alejan del personalismo y el "yo, yo, yo", en su hablar, así como de quien no se la pasa cuestionando o peleando con Molinos de Viento, ya que son una bocanada de aire fresco que ayuda a alejar a las malas vibras.

Brindo por los desconocidos que con un gesto amable, se hicieron reconocidos como esas personas que hacen falta en el día a día, para estar en un mundo mejor y con mayor esperanza de sanar.

Brindo por el trabajo y la enseñanza, las dos maneras de ser una persona solvente y moralmente activo que la vida tiene, así como todos aquellos que me han ayudado en esos instantes, como en los apuros financieros y anímicos.

Y, claramente, un brindis por los magníficos padres que la vida me otorgó, a la par de brindar toda mi devoción y entrega a Dios, que en esta montaña rusa de emociones y situaciones que es la vida, jamás me ha abandonado y me ha enseñado que en dichos altibajos, la anarquía, ego y sofismas jamás son dignas compañeras.

Brindo y seguiré brindando por ello y más, porque el saber y el sentir así me lo indican y piden, lo que significa que es lo más noble que puedo hacer como gesto tácito, así como el seguir siendo útil para los demás como para mí, es el gesto tangible que con más gusto y sinceridad he de ejecutar.

Un brindis por todos nosotros, ¡SALUD, AMOR, PRODUCTIVIDAD!

Argenis Serrano 

jueves

Eres Valiente, Fuerte, Capaz...

eres fuerte

A veces la noche se vuelve un gigante de sombra,

un bosque ensordecedor donde el miedo retumba,

y caminas pensando que el alma se asombra

de su propia fragilidad, que al primer viento se derrumba.

 

Crees que tus manos no sostienen el peso,

que tus pasos resbalan en la piedra fría,

que el dolor de la duda te deja indefenso

y que apenas te alcanza para ver otro día.

 

Te miras al espejo buscando una armadura,

un metal invisible que cubra el latido,

y al no ver los reflejos de la fuerza pura,

te juzgas pequeño, te sientes vencido.

 

Pero hay una fuerza que crece en silencio,

una raíz secreta que rompe la tierra;

no necesita rugir para ganar su batalla,

ni busca el aplauso en mitad de la guerra.

 

Aparece de pronto, cuando el agua te cubre,

cuando el aire se acaba y la luz se extingue,

es la llama implacable que el dolor no descubre,

la chispa invencible que jamás se rinde.

 

Y al final, cuando el humo por fin se disipa

y contemplas la grieta que pudiste cruzar,

comprendes la gracia que el tiempo anticipa:

nadie más valiente logró este lugar.

 

No eras el hierro que nunca se quiebra,

eras el junco que aprende a doblarse;

eras la luz que en la sombra se enhebra,

el pecho dispuesto a nunca entregarse.


Argenis Serrano 

miércoles

Gemidos Ajenos

gemidos ajenos


Alguna vez en mí adolescencia, un hombre se acercó a conversar con nosotros y entre lo sagrado y lo profano, en un momento dijo que no le gustaban las mujeres que cobran por intimidad, porque mientras él puede hacerlo con toda la intensidad, ganas y respetos, quizás ella sólo emita gemidos ajenos, pensando en otro cliente o en un amor, que fue o no pudo ser.

Su temor lo transformó en una manera de ser que va más allá de no tener relaciones con una dama de compañía. Llego a no desear lo que verdaderamente no puede ser suyo, ni siquiera por una transacción consensuada.

¿Cuánta gente no insiste en aquello que desea y se le antoja y que no depende de su decisión, sino del sí o de las condiciones de otra persona?; y en esa insistencia, lo que consigue es crear grietas que le restan pureza a sus sentimientos, hasta que el mismo, que otrora costó tanto, ya no vale nada.

Lo que no se gana, incluso por el ser y el estar, de llegarse a tomar, se está robando. Y quizá sea efímero, un torrente pasajero que luego genere una sequia peor a la que se tenía cuando se vivía en soledad.

Los gemidos ajenos van más allá del acto carnal; porque de seguro pertenecen a alguien que no pudo tampoco sostenerlos, o no supo, o peor aún, no quiso. Eso los hace más profundos y a la vez, cuna de lamentaciones.

¿Cómo rescatas el ahogo de algo que no es tuyo y que, aunque le salves físicamente, en corazón, sensación y sentimientos, sigue perteneciendo a otra persona?; una batalla campal contra las sombras, que te será eternamente perdida.

Pero cuando los gemidos son tuyos, de ti, para ti, se transforman en el clímax de la alegría y la buena fortuna; porque son el pensamiento, la seguridad, la paz, sonrisas y ánimo que se tienen al saber que fuiste el detonante, el alfa y el omega.

Y que a su vez, no darás gemidos ajenos por quien no es la persona destinataria de los tuyos. Una doble salvación que quizá no se comprenda, pero se siente en lo libre y fragante que es, acoplando perfectamente con lo que has querido para tu transitar por esta existencia.

Habrá quien uste o acepte gemidos ajenos, encontrando un temporal consuelo de todo aquello que le es esquivo y le acongoja. Admitiéndolos en su vida como un solazar de sus emociones truncadas por lo que no pudo lograr.

No hay quien le juzgue, porque el arte de los sonidos, que es la música, ayuda a aplacar al alma cuando las tribulaciones y sinsabores le rodean. Y en ocasiones, hasta los gemidos ajenos, son un concierto al cual asistir donde -por mera casualidad-, hay alguna sinfonía que sí es para ti, en agradecimiento por seguir luchando y porque nadie debería de estar sin sentir una muestra de afecto, incluso, condicionado.

Sean gemidos ajenos o propios, que la paz sea contigo y que el fardo en tus espaldas sea más liviano; por algo y para algo, acá estamos.

Argenis Serrano 

martes

Pecera...

pecera


Dicen que los animales en casa, sea en una jaula o en una pecera, sufren. Pero, ¿Acaso nosotros que tenemos libertad, no sufrimos también?

Los animales también son del hábitat que les acoge, cuida y respeta, como la persona que va a otro país a forjar su nuevo camino.

Ver a los peces tranquilos, yendo de allá para acá, sin sufrir, olvidando al pasado y viendo el ahora y el mañana, dejando constancia de su existencia. No es para envidiarles, sino para emularles.

Tanto que decimos ser una especie superior y no podemos extraer lo mejor de cada especie viva y aplicarlo para nos como individuos y sociedad.

Un pez no sabrá el concepto del amor, pero lo conoce por instinto, por necesidad, por cómo se siente. Va nadando lado a lado o se comporta como es debido al encontrarse; un instinto que implica evolución.

Ver a una pecera es quedarse absortos contemplando a la calma de una repetición incesante en un espacio definido. Admirando cómo sacan el mejor provecho y no dejan de encontrarse con su propia razón de existencia sin resentirse de que no sea un océano, lago o río.

A los peces les contamos nuestro día a día, les cantamos y hasta les regañamos sí se atacan, demostrándonos que podemos convivir con responsabilidad en la más acrecentada sencillez.

Un cofre de tesoro que se abre y brinda oxigeno o una noria o un buzo que humanizan a esa pequeña jaula de vidrio. Piedras, algas, alimento, todo un entorno para su comodidad.

Lo más importante de la pecera son sus habitantes, que nadan veloces, lentos, se quedan estacionarios y van raudos a probar el alimento con el que les dotamos.

No son un adorno más en un hogar, son vida y compañía. Esa que nos deja extasiados y sin palabras autocomplacientes cuando con ellos conversamos. Esa compañía que todo ser vivo, amerita.

Queda pues claro, que no es un acto malvado crear un hábitat y colocar algún animal en él, como en este caso una pecera o acuario para los peces.

Lo cruel es no darles el cariño, confort y confianza que ameritan para su nueva residencia, un destino que ya estaba escrito y ligado a nosotros, que bien sabía el Creador que ameritábamos de solazar a nuestra alma y poder escapar de ese mundo de afuera, estando también en nuestro hábitat en la más agradable de las comparsas de movimiento perpetuo: los peces.

Argenis Serrano


Silencio que Quema

silencio que quema


Es imperativo encarcelar mis «te amo». Reprimirlos para otra era, un tiempo lejano donde por fin los sientas plenos y la sombra de este pasado mofado no los envenene.

Debo ahogarlos en mi garganta, dejar que se sequen o echen raíces tristes en la penumbra de mi alma. Que acumulen una furia tan ensordecedora que, cuando estallen, el retumbo de su eco te descuadre la mente.

Negarles mi voz no es una opción, es un castigo necesario: escupirlos al vacío no tiene sentido cuando del otro lado solo habita tu inercia.

Decírtelos hoy es arrojar un alarido a un abismo sin respuesta; es arrastrarnos a medias tintas, desangrándonos antes de tocar la meta. Me morderé la lengua hasta sangrar.

Obligaré a mi corazón a firmar un pacto de silencio vil con mi emoción. Se quedarán enterrados, madurando en mi carne. Y no te confundas: no es sequía de amor, porque por ti todavía me desbordo y me deshago sin cobardía.

Sólo le impongo un alto a mi propia hoguera; a partir de hoy, este amor será un secreto violento, resguardado apenas por el más frágil y miserable de los sellos.

Sin embargo, esta pausa no es una renuncia ni una sepultura definitiva. Estos «te amo» que hoy amordazo no están muertos; están aguardando a que el tiempo limpie las ruinas y madure el terreno.

Siguen teniendo un rumbo fijo, una brújula obstinada que apunta directamente hacia ti, esperando el instante exacto en que tu piel esté lista para recibirlos sin sombras ni dudas.

Te invito a resistir este paréntesis, a guardar la calma en medio de la distancia y el vacío. Ten la certeza de que esas palabras que hoy callo maduran en el pecho correcto y guardan tu nombre grabado en el fuego.

Solamente aguarda, porque cuando este silencio por fin se rompa, no habrá dudas de quién fue, es y será la única destinataria de cada uno de mis latidos.

Argenis Serrano 

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