El que le tengas miedo a atreverte,
Hace que pierdas lo bueno,
No todo es como queremos,
Lo que llega, no debe perderse,
Por una vez, no vas a romper,
La pulcritud de tus cinco sentidos,
Y en cuerpo y mente, vas a tener,
Ese gustazo, por ambos, querido.
El que le tengas miedo a atreverte,
es el muro que asfixia tu deseo,
mientras mi piel se rinde ante tu suerte
y en este juego impuro te poseo.
Olvida ya la ley que te detiene,
bebe del cáliz que la moral vicia,
que si el pecado en mis labios se
mantiene,
será el infierno tu mejor caricia.
Hace que pierdas lo bueno,
esa descarga eléctrica en la sombra,
por ser esclavo de un juicio ajeno
mientras tu instinto mi nombre nombra.
Rómpeme el alma con una mirada,
que la ética es cárcel de los fríos,
y entre esta calma tan malvada,
quiero que tus dedos busquen los míos.
No todo es como queremos,
la vida dicta normas y censura,
pero en lo oscuro nos entendemos
lejos del sol y de su compostura.
Provócame un daño que sea bendito,
traiciona el pacto de tu castidad,
que no hay placer más infinito
que una secreta y compartida maldad.
Lo que llega, no debe perderse,
ni el sudor, ni el grito, ni la llama,
no dejes que el tiempo logre vencerse
mientras la urgencia sobre la cama brama.
Atrévete al roce que no se nombra,
quema los puentes de tu religión,
que somos dos cuerpos bajo la sombra
buscando el abismo de la tentación.
Por una vez, no vas a romper,
el pedestal de tu imagen perfecta,
solo vas a aprender a saber perder
en esta ruta de pasión directa.
Muerde la fruta que el cielo prohíbe,
deja que el vaho nos dicte el camino,
que el corazón solo al límite vive
cuando se siente de veras divino.
La pulcritud de tus cinco sentidos,
es solo un velo que el placer desgarra,
prefiero tus ojos hoy confundidos
y tus uñas clavadas como una garra.
Que se ensucie el aire con el aliento,
que la moral se pierda en el exceso,
disfruta el vicio de este momento
que se sella con fuego en un beso.
Y en cuerpo y mente, vas a tener,
la posesión que la regla te niega,
un hambre antigua por satisfacer
en esta noche que al mundo nos ciega.
Sé mi cómplice en este desvío,
donde lo malo se siente tan bien,
donde tu fuego se funde al mío
y nos olvidamos de todo edén.
Ese gustazo, por ambos, querido,
será el secreto que guarde tu piel,
el fruto dulce de lo prohibido
mezclando el veneno con nuestra miel.
Brindemos por lo que nunca se dice,
por el deseo que rompe el control,
que no hay placer que el alma suavice
como el que nace fuera del sol.

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