Si mi existencia te pertenece,
Como el río que al océano se ofrece,
¿por qué habría de desconocerlo?
si es un fuego que empiezo a
entenderlo.
Si mi agonía es tan vasta,
y el silencio ya no me basta,
¿por qué pretendería silenciarlo?
si el alma solo busca gritarlo.
No he de habitar en la distancia,
preso de una gélida inconstancia,
anhelo permanecer junto a tu ser,
hasta que el alba deje de nacer,
ya sea persistir o perecer.
Me encuentro cautivado por tu
esencia,
esclavo voluntario de tu presencia,
pues posees la fragancia de una
corola,
que en mi desierto danza siempre
sola.
Sigo prendado de tu figura,
embriagado por tu dulce llanura,
pues emanas la pureza de lo divino,
trazando el norte de mi destino.
Persisto prendado de tu mirada,
luz que habita en mi noche cerrada,
porque portas en tu espíritu una
melodía,
que rescata mi fe de la agonía.
Porque conservas una remembranza para
mí,
desde el instante en que te conocí,
en lo más profundo de tu tierno
pecho,
donde nuestro idilio quedó bien
estrecho.
Como se expresan los fulgores de tus
pupilas,
mientras mis ansias se quedan
tranquilas,
y también tus labios de carmesí,
susurrando un eterno y suave
"sí",
de una espiritual y mística fantasía.

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