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Antes de Dormir

antes de dormir

Confieso que antes de dormir, hay pensamientos recurrentes, llenos de preguntas tipo ¿Cómo hubiera sido?, ¿Cómo podría ser?, ¿Qué estaría viviendo ahora?, y, como notarás, todos relacionados contigo.

No, no me hundo en la tristeza ni me ahogo en la amargura, porque tu voz y tu figura, me dominan y embelesan.

Además, el preámbulo de los sueños inimaginables al dormir, siempre son mejores, controlados quizá como un Barón Münchhausen de hoy o una inteligencia artificial que busca complacer a mí favor.

Busco que mis sueños antes de dormir no sean mezquinos, pero sí estoicos, como de los caballeros que siempre salvan a la princesa, aunque tú me salvas de la sequedad de no tener en quién pensar o por quién surjan los suspiros, dos venenos que ningún hombre debería probar.

A veces imagino que estamos cenando y alguien intenta asaltar el lugar y de las maneras más inenarrables logro dominarlos, a la par de que tú los golpeas porque también eres de armas tomar. Y, entre aplausos, nos fusionamos en un gran abrazo en el que nos agradecemos de ser el héroe y heroína de cada uno.

Otras veces imagino -a manera de sueño-, que estás a punto de dar a luz a nuestra hija. Que los sacrificios del embarazo fueron sorteados en equipo y que el mundo toma un mejor color, energía y sentido con la llegada de esa bebé a mejorarnos la existencia.

Hay noches en que, luego de una discusión, te canto bajo la lluvia y entre ahogos, risa y truenos, un perdón y un te quiero nos recuperan a ambos de algo que quizá no debió suceder, pero ante lo que fuimos más fuertes que nunca.

Antes de dormir veo hacia a un lado y consigo un espacio vacío, de alguien que debería estar abrazando. Así que me imagino ese abrazo, un beso en tu rostro y un ¡Buenas noches, mí amor!, respondido entre somnolienta y enamorada, por ti.

Lis rezos y oraciones desde hace años, exactamente desde el día en que te conocí, tienen petición por ti. No con la mezquindad anárquica de decirle a Dios Padre, “por favor, hazla para mí”, sino que me permita estar entre aquello que te haga feliz. Y que con su pluma dorada, con la que ha escrito con renglones de platino nuestros destino, se susciten párrafos en los que se entrelacen y crucen nuestros caminos.

Antes de dormir busco ser feliz y por eso evoco tu belleza, lo que me haces sentir, aquello que se puede y no se puede vivir contigo. Ya que si no llegare a despertar, lo mejor es que vaya al cielo encaminado por lo más bello que admiré en vida, tú.

Y me ha resultado para despertar con un propósito y con ánimo. Sí sientes o crees que me sobrepaso, no te asustes, jamás podría profanar aquello que vale y significa tanto. Soy del montón que no quiere ser uno más del montón, lo que me transforma en alguien confiable, incluso cuando sin tu permiso, he soñado despierto y dormido, contigo.

Y siempre, siempre, sueños bonitos.

Argenis Serrano 

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