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De Buen Corazón

de buen corazón

Hay una gran línea entre ser bueno y el buenismo: Ser bueno es una forma digna de vivir y honrar y el buenismo es dar incluso lo que no es de uno, para satisfacer a otros, dejando incluso de ser uno mismo. Por eso, elijo ser bueno.

Esto va más allá del “tú me das y yo te doy”, es más del “tú eres y yo soy recíproco”, apoyándote no con lo que me sobra, sino con lo que tengo, para construir una felicidad que va más allá del dinero y que es cercana al amor: la confianza.

Quien es de buen corazón sabe que la sencillez de lo común es lo que une más a las personas; que las sorpresas reivindican y subsanan, elevando la adrenalina y la esperanza de las personas.

Quienes niegan ese niño interno, se cierran. Quien lo sabe dosificar, comulga con todos en franco balance sin escaparse de lo rudo y serio que es el mundo adulto.

Saber estar cuándo y cómo se necesite es mejor que estar 24/7 aferrado a alguien, sin buscar experiencias propias ni saber ver, escuchar y reflexionar sobre aquello que ocurre o hay en derredor.

El buen corazón se nota en quien sacrifica su propia forma de ser para arrancarle una sonrisa a alguien más, justo cundo las tribulaciones le agobian quien sabe llenar de ruido blanco al tormentoso silencio de las redes sociales y convierte un “Hola, ¿Cómo estás, qué cuentas?”, en una ligera conversa que sabe decir…te recuerdo, te quiero, te cuido.

No hay distancia para un buen corazón, mucho menos hay tiempo pasado. Cuando dos personas buenas se reúnen, avivan la misma llama que se inició en su historia personal y que la confianza y/o la buena voluntad ayudaron a que jamás se extinguiera.

Alguien de buen corazón no reprocha, no ve el lado malo de las cosas más humanas y corrientes que su contraparte manifiesta. Las respeta incluso sin acompañarlas, porque sabe que aunque difieran en las rutas, todos se dirigen a un mismo objetivo.

Las personas buenas no escasean, solamente se quedan silentes porque hay razones deleznables de que haya gente mala con ganas de aprovecharse. Y en ese encierro surge la autocensura y la autodefensa, aplicada indiscriminadamente, siendo dolorosa para aquellas personas que no te están atacando, sino que te quiere proteger y acompañar.

Sí ahora sacaras cuentas de cuántas personas buenas tienes en tu entorno y cuántas han pasado por tu vida, más allá de lo consanguíneo, notarías que es bueno abrirse, cuidarles, confiar, acompañarles. E incluso hay a quienes con un buen empujón cambiarían su estilo y, sin perder su propia personalidad y esencia, serían más productivas y felices.

Podremos tener muchas carencias, pero miserables no podemos ser, ya que somos -aunque suene petulante y poco humildes- personas con un buen corazón.

Argenis Serrano 

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