Anoche tu insomnio
terminó buscándome. Cruzó la distancia en silencio, burlando las horas muertas
y filtrándose entre las grietas de mi velada inacabable.
Fue un encuentro sutil,
como si tus pensamientos hubiesen encontrado por fin el camino hacia mi
almohada. En medio de la oscuridad, tu falta se sintió tan presente que la
noche misma pareció detenerse a escucharnos.
No encuentro otra
explicación para despertar oliendo a tus lluvias, con el pecho tibio, la
respiración lenta y esta necesidad de ti que no conoce despedidas. El aire
matutino traía consigo ese perfume a humedad y nostalgia que solo tú dejas a tu
paso.
Es como si en la penumbra
me hubieses abrazado en secreto, dejando una huella imborrable en la piel que
aún se niega a despertar del todo. Mi corazón late cansado pero firme, sabiendo
que aun en la ausencia sigues siendo el único refugio posible.
Hay deseos que el tiempo no concluye; solo cambian de sueño… y el alma continúa. Permanecen latentes en el fondo de la memoria, esperando la llegada de otra noche en vela para volver a florecer.
No importa cuántos amaneceres pasen sin tenerte entre mis brazos,
la sed de ti se reinventa con cada parpadeo.
Y así, el espíritu sigue
su marcha, tejiendo tu nombre en la penumbra e inventando mil formas de amarte
mientras la distancia insista en separarnos.
No importa cuántos
amaneceres pasen sin tenerte entre mis brazos, la sed de ti se reinventa con
cada parpadeo. Cada destello de luz matutina que entra por la ventana solo
acentúa el vacío de las sábanas donde debería estar tu cuerpo.
Es una búsqueda
inacabable, un anhelo implacable que no se sacia con el paso de los días ni con
el consuelo de la rutina. Me descubro repasando cada uno de tus gestos en el
aire, transformando la nostalgia en una caricia invisible que intenta
sostenerte un instante más.
Y así, el espíritu sigue
su marcha, tejiendo tu nombre en la penumbra e inventando mil formas de amarte
mientras la distancia insista en separarnos. Apilo fantasías sobre el silencio
de la habitación para construir un puente imaginario que me lleve directo a tu
regazo.
Aprendí a encontrar la
calma en este desvelo, sabiendo que la mente te busca con la misma terquedad
con la que el mar regresa a la orilla. Porque mientras viva en mí este insomnio
por ti, jamás habrá distancia capaz de arrebatarme la certeza de lo que siento.

No hay comentarios:
Publicar un comentario