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sábado

Las 3 Mariposas (Sueño Narrado)

Esto lo soñé anoche y me sorprende recordarlo y el cómo se manifestó. Al final explicaré el por qué de mi sorpresa.


Como en todo sueño, siempre hay flashbacks incomprensibles. En este me encontraba acompañando al Sr. Cedeño en cierta y determinada reunión, cuando de manera sorpresiva le sobrevino la muerte. Sólo alcanzó a decir a quienes allí estábamos “Tres mariposas”.

Fue triste llevarle entre todos los presentes a la funeraria (sí, directamente) en ella los amigos afligidos con la pregunta de siempre ¿por qué los buenos se van adelante y debemos estar inquietos con los malos cerca de nosotros?.

Entre esas preguntas todos cavilábamos cuando me solicitaron fuese a buscar café. Resulta que se señor Cedeño era dueño de una bodega y allí se me ocurrió ir a comprarlo. Al entrar observaba que estaba mucha gente allí y les pregunté: -¿por qué aún siguen aquí?-
Una chica de piel morena (desconocida para mí en la vida real) me preguntó ¿y esa pregunta?
- ¿No lo saben aún?
- ¡No, dinos!
-¡Su tío Cedeño falleció hoy, lo estamos velando!

La sorpresa, tristeza e indignación de no saber y no haber estado allí se apoderó de todos. Pero una señora mayor gritó ¡RECUERDEN QUE EL DOLOR APABULLA CUANDO SE LO PERMITIMOS, ESO NOS LO DECÍA SIEMPRE ÉL!

Yo creo en eso del dolor. Pero en momento tan duro, cruel e indeseable no se pueden pensar en alegrías. Más les repito, era un sueño, aunque lo siguiente fue más sorprendente. Un joven dijo: ¡Hay que decírselo a mi tía Flor, pero con suavidad!...

Llamaron pues a la tía Flor que estaba en el último cuarto; mucha gente en su sala le hizo sospechar. La señora mayor que había gritado recién, atinó a decir con sus gritos ¡HONOR A QUIEN HONOR MERECE, CON RESPETO Y ADMIRACIÓN! En ese instante la señora Flor comenzó a cantar esta canción:

Mientras la música sonaba, cuando la voz de la señora se sentía casi desgarrando el cielo, entregando el alma como si ya se hubiese enterado y niños y grandes con ropa de duelo bailaban al son de la canción, yo atónito observaba ello, con el miedo ya propio de tener que decir tan infausta noticia. Culminó la canción y llegó la hora de decírselo. Me acerqué y con titubeos le dije:
¡Señora Flor, me tomo este deber con un valor que no sé de dónde lo saco, para decirle que su esposo, el señor Erasmo, falleció hace rato!.

La señora comenzó a llorar desesperadamente, pero por breves instantes, ya que al voltear, tanto ella como yo distinguimos a tres mariposas: Una Negra con rayas rojas y azules; una amarilla con rayas verdes y una azul con rayas negras. Ella detuvo su llanto y llamó a su familia, explicando lo siguiente:

“El día que conocí a Erasmo, tres mariposas nos dieron la bienvenida: A una, la negra la llamamos Necesidad, porque la teníamos pero sabíamos que aún así se puede convivir; la segunda, la amarilla la llamamos Respeto, porque sería de esa forma como pasaríamos a la madurez de pareja; y a la tercera, que es una mariposa Morfeo, la llamamos “Sueños”, ya que sin conocernos, soñábamos con estar con alguien tan lindo uno con el otro y así fue”.

Hoy esas mariposas vuelven a mí a despedirme de mi amado y a recordarme lo que nos unió. El tres ha estado en nuestra vida también por medio de nuestros tres hijos y mis tres nietos; las tres horas de parto, las tres horas de sufrir que él tuvo cuando me operaron; los tres empleos que ambos compartimos para levantar esta casa y esta familia; lo único que no tiene un tres solo, fueron esos 43 años de felicidad que él me dio.

Allí comprendí por qué el señor Cedeño dijo “tres mariposas” como sus últimas palabras.

Luego la gente se fue al funeral, como un festejo de despedida, propio de los orientales.

Yo me senté en una orilla de la acera a pensar en todo lo que había visto y oído. Escuché unas aves y…¡me despertó la mañana!

…¡Simplemente soñé!…o quizás mi mente me escribió una aventura con moraleja. No sé cómo lo recuerdo tan bien, ya que recordar sueños no es fácil, ni siquiera coloqué algo acá de mi imaginación.

¡Ah, lo que dije en un principio que me sorprendió, es que el señor Erasmo Cedeño y la señora Flor de Cedeño, que fueron mis vecinos y amistades por años, fallecieron en el orden inverso a lo acá expuesto (soñado); y ese señor cada día esperó el momento de reencontrarse con ella en la eternidad, los “tres años” de diferencia que hubo entre sus fallecimientos. 

Y en su casa hay plantas de cayena, donde las mariposas se van a posar. También porque esa tonada “De qué Manera te Olvido”, no es una de mis canciones favoritas.

Si hubo o no moraleja, vale la pena prestarle atención a lo que nuestro subconsciente se guarda y que muchas veces tememos dejarle salir.



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