domingo

Mis pensamientos de amor (1)

Nunca ha existido mujer que me quiera y ame, pero no por ello, dejaré de querer el querer amar. Dedico esta semana a materializar de manera escrita y muy suelta lo que siento, deseo y anhelo decirle y materializarle a un amor que no sé si llegue a mi vida. Pensamientos sueltos.

Hoy supe lo sublime e inmenso del amor que te profeso, al darme cuenta que mi adoración por ti, competía con mi devoción por mi fe.

Tú llegaste a mí como un sueño mágico que no será repetido ni es repetible, porque la causalidad sólo pudimos crearla nosotros dos. Y nos llegó el amor, como duende encargado de ayudarnos a vivir en un Edén compartido, con nuestros sueños y acciones, para proyectarnos en lo ideal. 

Si me hubiese tocado crear el Universo, al llegar el momento de darte existencia como la primera mujer, no te habría hecho de barro, tampoco de una costilla; te hubiese creado con la mitad de mi alma, y yo me hubiese recreado con la mitad del alma tuya.

Si la promesa es un abrazo de tu piel, una mirada tierna tuya y una caricia de tu alma, me basta la promesa como equipaje, para atravesar el desierto del Sahara o cruzar el polo norte para buscarte.

Puedes gritarlo ahora. Y es que, porque nos amamos, tengo el mandato de conquistar el mundo; mi misión es lograrlo pronto, y por tu amor, ¡hacerlo perfecto.

Te amo por encima del bien y del mal. Por encima de la luz y la sombra, te amo. Te amo por encima de la vida y la muerte. ¡Por encima del pasado y del futuro, yo te amo! ¡Te amo por encima del odio y del amor!

Tienes Lo mejor de la primavera, del otoño, del verano y del invierno. Entonces eres la mejor estación porque tienes lo mejor de todas. ¡Estás estacionada en mi piel y en mi alma!

Sin tu existencia para mí no habría luz, ni flores, ni colores, ni pájaros, ni sonidos maravillosos. Si no existieras tú, no habría un refugio sublime para habitar. ¡Tú eres mi mundo, y el Universo existe porque me pueblas!

Sólo tus hilos y los míos, unidos, pudieron entrelazar y formar el lazo por el cual podemos trepar al arcoiris que sonríe para refugiarnos sin rostros mojados. Sin duda y con fuerza insuperable, el amor nos cubre como un manto tibio en las noches y fresco en el día, que vino a tapizar el sendero que quisimos transitar.

Cuando te escucho es como si tu voz maravillosa borrase los demás sonidos, y tu timbre hace eco en los poros de mi piel.

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