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El Poema y las Emociones

Un poema es una hilera de palabras escritas, dichas o cantadas que busca, incluso en su más abyecta tristeza, procurar la alegría de haber leído, seguir leyendo, pensar al leer, sentir al pensar e ir desde las más recurrentes emociones hasta desencadenar los más puros sentimientos.

El enfado del agobio es parte del poema, de no entenderlo, de estar en él, de haberlo mal interpretado, de leer por leer.

Ese miedo sin fundamento hacia aquella persona que escribe el poema, porque se mete en tus sentimientos es tan real, que hay que saltar esa página hasta que la cordura retorne.

Esa tristeza de las letras que expresan no las verdades del poeta, sino de la vida misma, agolpan a las lágrimas y la confusión de qué se siente, junto a la necesidad de sentir ello y probar que toda lágrima no es amarga.

La sorpresa de un poema que te llega sin esperarlo, crea una tromba de emociones que se confunden con los sentimientos. Y aun así, el disfrute es máximo, cuando se lee para aprender, para soñar, para crecer.

Da asco pensar que un mundo sin poemas pueda existir, siendo muertos por aquellos que prefieren lo frugal o fácil que no posee la poesía.

Inspira confianza que haya aún poetisas y poetas, lectores que aprenden y lecturas que evocan a los sentimientos emergentes de las emociones que las letras, rimas, prosas y experiencias reales y tácitas, traen en las maneras más diversas.

El interés desata emociones, sólo hay que dejar que ellas nos hablen, argumenten y se les dé permiso de floreces.

Nunca sientas vergüenza de suspirar y danzar en las letras del poema, sea de rima sencilla o incluso la centuria más profética.

emociones

Culpa tienen aquellos que banalizaron al romance de su forma más hermosa, integradas en un poema en una carta, que acompañan a una rosa.

Bochorno deberían sentir quienes en su vida han escrito siquiera un verso a una mujer o la mujer que no ha escrito a manera de poesía, sus más íntimos anhelos en un diario o una simple hoja de papel.

La satisfacción de desatar emociones en quien lee es indescriptible. Pero no es el fin oculto y único de la poesía, que tanto enseña, calma, demuestra y libera.

El desprecio crea poemas y canciones, prosas y decisiones. Cada quien decide sí lo usa para estar dolido y vengativo o para dejar en un escrito un aluvión de sensaciones.

Siento mucho entusiasmo cuando leo un poema, mucho mayor cuando lo escribo. Igual cuando en las musas que danzan serenas y sensibles en derredor de mí y me enseñan que hay más de una forma de describir los triunfos y destinos.

Una complacencia, una reverencia una sonrisa. Cuales sean las emociones, en ellas me desvivo sin hacerme un ególatra que busca de una lectura un aplauso o un cariño. Ya con solo llegar a unos ojos y aun entendimiento, cada palabra para mí está satisfactoriamente paga.

El orgullo es un arma de doble filo, porque su mango es para inspirar y su filo es para regodearse en lo frugal del halago ante un trabajo que más que bien hecho, está hecho desde el corazón y alma.

Siento el verdadero placer al destapar emociones que el día a día va cubriendo con la tierra de la indiferencia y el apremio para llegar a ninguna parte. Porque el placer es el rey de las emociones que puede ser equilibrado o desatarse sin tabú alguno.

Y así, es el agobio tan delicioso que las emociones desatan y los poemas, relatan.

Argenis Serrano 

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