miércoles

¿Qué Me Está Ocurriendo?

qué me está ocurriendo


No sé qué me está ocurriendo, que ni me ocupa ni me preocupa; como quien no está, a sabiendas de que sí existe. 

Los días se hacen rutinariamente iguales, entre el cumplimiento del deber y el coexistir; entre despertar y dormir. De ver las mismas secuencias de una película, donde los errores se hacen sentir. 

Quiero volver a sentir y a la vez, ya le soy indiferente a ello. No sé sí es lo que llaman un corazón de piedra o me he corrompido de tal manera, que cometo sin querer el delito de la indiferencia, siendo yo la víctima. 

Un Síndrome de Estocolmo en el cual me estoy enamorando de la rutina o de la resignación de lo que ya presentía y negaba. Que no es mi culpa, pero por igual, se me achaca. 

Realmente no sé qué me está ocurriendo que ya ni me va ni me viene la necesidad de volverlo a intentar, so pena de volver a fracasar en lo que no es mí decisión, sino que me toca proponer y demostrar. 

Quizá sea un límite de negativas que tiene el ser humano para aprender y ya las rebasé y colapsé, apagando el sistema del interés y la esperanza hacia esa vertiente del destino. 

Lo cierto es que más que un círculo, es una espiral con la cual he sido hipnotizado, con la orden de que olvide, que no sienta, que no espere ni me desespere, que no sufra y que siga la rutina. 

Un equilibrio de fuerzas donde el bien y el mal no pueden preponderar; es un justo balance que asemeja a la neutralidad. Es el estar sin trascender ni descender, sin avanzar ni estar estacionario. 

Parece qué me está ocurriendo que floto y veo los cuatro puntos cardinales, el arriba y el abajo, me hago introspección y extrospección de manera ambivalente, buscando las respuestas a preguntas que no existen. 

La chispa, musa, interés, necesidad, gusto, placer, añoranza, nostalgia, picardía, pasión, anhelo, hidalguía, reencuentro, oportunidad, unión, defensa, lealtad, fidelidad, constancia, respeto, parecieran verse adormiladas o suspendidas en un limbo creado para mí. 

Todo sabe a nada y no alimenta, teniendo sabor y nutrientes; la risa se apaga de pronto y como tal surge, manteniendo así a la coherencia despierta y a la melancolía al filo del barranco, para que no venga con su tropel de adláteres a dañar lo que está quieto. 

Una quietud que sabe a inoperancia, desconsuelo y a rebeldía, foco de rebeldía tal que es débil para poder liberar a los prisioneros que en mí, hoy habitan. 

No sé qué me está ocurriendo, pero algo tiene que ver el amor que tanta falta me hizo y se negó a llegar, rompiendo esa secuencia de vida tan maravillosa que la mente y corazón suelen hilvanar. 

Y aquí ando, incróspido de beber de la rutina que se ha hecho casi que inexpugnable, porque uno hace algo para romperla y ella, se recompone y nos vuelve a suceder. 

Más ella sabe qué me está ocurriendo algo que no me es admisible y que cuando un motivo llegue –sí acaso fuere mí destino-, despertaré incólume, recuperando todo aquello que en sus mazmorras ha recluido. 

Porque no me pudo acabar, sabe que en los demás aspectos de vida no se ha logrado inmiscuir; que aquello que es mí decisión no puede crear confusión ni desolación. 

Por ende, lo qué me está ocurriendo está focalizado y terminará extirpándose, sí un alma gemela llega; de no aparecer, podría seguir, pero a mí vida a la que adoro, jamás conseguirá destruir. 

Seguiremos enfrentándonos, sólo debo atenerme a mantenerme en este extraño, injusto y momentáneo, stand by. 

Argenis Serrano 

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